1200X600 Fumarola en el Nevado del Ruiz registrada por la Universidad Católica de Manizales @ucm_manizales
11 de abr de 2022 22:17
Cuando la fumarola del Ruiz asusta
Red+ Noticias | Por Andrés Marín Martínez | Manizales, Caldas

Una columna de vapor y gases volcánicos llamó la atención de los caldenses este lunes. La imagen se antoja rutinaria para los lugareños, pero a la vista de los foráneos es un espectáculo que atemoriza.

Desde hace unos meses las cosas en el volcán Nevado del Ruiz han variado considerablemente. La ceniza ha vuelto a caer en las calles de Manizales, de Villamaría, de Chinchiná (Caldas); o incluso en las vías de Pereira (Risaralda). Los sismos se repiten con más frecuencia.

Vuelven a la mente las frías cifras de los muy nombrados 23.000 muertos de Armero y los escasamente mencionados 2.000 más que perecieron entre Villamaría y Chinchiná.

Resuena el nombre de Omaira Sánchez; y todo se revuelca en las entrañas de quienes recuerdan el lúgubre 13 de noviembre de 1985.

Esta vez, a las 5:13 de la tarde, los equipos del Observatorio Vulcanológico de Manizales detectaron una señal sísmica de fluidos con una emisión de ceniza asociada a ella en el Cumanday, esa cumbre entre blanca y plateada que los indígenas también llamaban Tabuchía*.

“La columna de vapor, gases y ceniza alcanzó una altura de 3.258 m, dirección vertical con una leve dispersión al Norte”, describió el Servicio Geológico Colombiano en el informe más reciente.

Diez minutos después, a 20 kilómetros de distancia, en línea recta, un manizaleño que busca a diario en el horizonte la silueta matutina del Nevado del Ruiz, entre las 5:00 a. m. y las 7:00 a. m. "cuando las nubes vuelven a cubrir la cordillera", como él mismo lo dice, se dio cuenta de que al final de la tarde el espectáculo era inusual.

Ese manizaleño es Alejandro Marín Pineda, jefe de Comunicaciones de la Universidad Católica de Manizales. Contrario a lo que puede parecer una costumbre que brinda la presencia del gigante de nieve, lo que Alejandro hace día a día es cultivar su capacidad de asombro ante esa gigantesca protuberancia rota por los cráteres La Olleta, La Piraña y el Arenas (el mismo que causó la tragedia en Armero); un accidente geográfico que lleva décadas recordando lo que es capaz de hacer.

La aparición majestuosa de la fumarola es relativamente indetectable durante el día, habría que madrugar mucho para encontrarse con ella como lo hace Marín Pineda.

En la medida que el día avanza, la espesa columna se funde con las densas nubes que cubren la encumbrada Cordillera de Los Andes. La tramoya aérea deja caer un telón gris que impide ver entre bambalinas esa obra que encierra la amenazante tragedia y la asombrosa belleza, todo un drama de la naturaleza en esta ciudad tan teatral.

El fenómeno observado durante la tarde de este lunes, dicen los expertos en Manizales, es recurrente en la actividad del volcán; y reiteran: “en muchas ocasiones no es posible observarlo debido a las condiciones climáticas que comúnmente imperan en la zona”.

Curiosamente, este inicio de semana estuvo despejado en la capital de Caldas; la gente avistó, en todo su esplendor, la manifestación que cumple meses de salir sin cesar.

“Los manizaleños estamos acostumbrados a este fenómeno, pero cuando lo vemos desde nuestras ventanas, o desde las calles, paramos para apreciarlo y tomarle fotos. Al leer los comentarios que hacen a esas imágenes en redes sociales, por lo general, el manizaleño comenta: ¡Qué hermosura, qué belleza, qué lindo regalo nos da la naturaleza…! Y los adjetivos se extienden a favor de la majestuosidad del Ruiz”.

Pero si la reacción es de un foráneo, de un turista extranjero o de alguien proveniente de otra región del país, dice Marín: “es evidente la preocupación en los ojos y ademanes: en el cine una imagen así es sinónimo de peligro inminente".

El personal dispuesto en el Parque Nacional Natural Los Nevados reportó caída de ceniza en el área del volcán. Y las autoridades, una vez más, no descartan “el registro de nuevas señales sísmicas de este tipo que puedan estar asociadas a emisiones de gases y ceniza, las cuales se dispersarán según el régimen de vientos que impere en el momento de la emisión o una aceleración del proceso volcánico que conlleve a cambios en el nivel de actividad del volcán”.


El nivel de actividad del Volcán Nevado del Ruiz persiste en amarillo o grado III, lo que representa cambios permanentes o frecuentes en el comportamiento de la actividad volcánica.


Cada vez que el volcán ofrece semejante espectáculo la gente aprecia, admira y se impacta; mientras empiezan a transitar de nuevo ese camino de la memoria que va desde la maravilla del momento presente al pasado doloroso de la tragedia armerita.

Es como si en cualquier momento, tal cual ocurre en la vida, pasáramos de la alegría a la tristeza en un abrir y cerrar de ojos; una escena cualquiera en este inmenso teatro que nos mantiene en vilo, pues la función del cráter Arenas aún no termina.


*Referencia histórica tomada de www.geoenciclopedia.com

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