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2 de jun de 2020 13:01
Narcoenfermedades en Colombia, la secuela silenciosa en el mayor productor de cocaína
Red+ Internacional | AFP | Bogotá

El legado oscuro de los narcotraficantes colombianos retumba en el mundo. Pero en silencio, en medio de estigmas y dolores, viven los enfermos por el consumo de cocaína en el principal productor global de esta droga.

Pérdida de tabique, depresión, problemas coronarios, hepáticos o neurológicos, impotencia sexual, necrosis, son solo algunas de las decenas de afecciones que provoca el consumo de esta droga.

  • En Colombia, un país que lucha contra la herencia de Pablo Escobar, las autoridades advierten de un "aumento sistemático" en la ingesta de estupefacientes.

Poco menos de 1 % de los colombianos reconoció haberse drogado con cocaína en 2013, lejos de los principales mercados: EE. UU. (2,70 %), Inglaterra (2,67 %) o Australia (2,50 %), según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

A pesar de que la Organización de Estados Americanos califica como "intermedio" el consumo en el país, responsable de la producción de 70 % del polvo blanco, especialistas temen un alza cuando se levante el confinamiento por la pandemia.

"La gente que tuvo una reducción del consumo durante la cuarentena no puede salir ahorita a meterse lo que se estaba metiendo antes, porque puede tener una sobredosis". Julián Quintero, director de la Corporación Acción Técnica Social (ATS).

En Colombia, las cifras de las muertes y los adictos es incierta, pero a nivel mundial hay al menos 35 millones de personas con "trastornos" y necesitadas de tratamiento

“Difícilmente la gente acude al médico porque tiene una adicción a la cocaína y no cree que eso le está afectando otras cosas. (…) Aún es vergonzoso hablar de los consumos de drogas”. Efrén Martínez, director científico del centro de rehabilitación Fundación Colectivo Aquí y Ahora.

A continuación, algunos testimonios de los padecimientos que han sufrido millones de personas debido al consumo de esta droga.

Foto: Juan Manuel Barrero - AFP.

Tabique perforado

La sangre que escurría por su nariz no impedía que Nicolás Merizalde dejara de "meter perico", como se le conoce a la cocaína en Colombia.

"Con un pañuelo, con lo que fuera, me limpiaba la sangre, dejaba que secara un poquito, volvía a aspirar, y volvía y botaba sangre". Nicolás Merizalde, consumidor.

Merizalde gira la cabeza y no hay rastro alguno de cirugías. Sin embargo, su tabique ahora es de platino.

  • Los daños en el tabique y los cornetes fueron el resultado de un consumo desenfrenado que comenzó a los 14 años de edad. El daño suele presentarse entre quienes aspiran durante largo tiempo.
"La cantidad de elementos, de ácidos, que tiene la cocaína tienen el poder de ir comiéndose el hueso, literalmente. (…) Lo más grave es la cantidad de microinfartos cerebrales que puede tener". Efrén Martínez, director científico del centro de rehabilitación Fundación Colectivo Aquí y Ahora.

Aunque inició con marihuana y alcohol, Merizalde pasó rápido a la "nieve". A diferencia de sus amigos, inhalaba de "forma más obsesiva". "Ellos se metían un pase, yo me metía dos", declara.

Rendido ante su "enfermedad", que le dejó problemas de memoria, se encerró en un motel en busca de una sobredosis. Falló y terminó internado. Desde 1995 está limpio, y hace una década dirige un centro de rehabilitación.

Foto: Juan Manuel Barrero - AFP.

Impotencia sexual

Alberto* asegura que la impotencia sexual fue una de las causas de su separación. "Enamorado" desde adolescente de la cocaína, nunca pensó que su vicio lo traicionaría bajo las sabanas.

"Fue re incómodo, lo peor que le puede pasar a uno... eso fue parte también de los detonantes para separarnos, porque ella empieza a ver que mi cuerpo, que mi vida, todo, ya estaba en función de la droga". Alberto, consumidor.

Bañado por la luz tenue de los ventanales del centro médico, donde estuvo recluido por una isquemia cerebral derivada del consumo excesivo, rememora sus problemas de erección, los cuales comenzaron hace más de dos décadas.

  • En ese entonces, Alberto tenía 22 años de edad y sumaba ocho de consumir a diario. Intentó tener sexo, pero por "alteración del cuerpo" no pudo reaccionar. No obstante, siguió aspirando.

Años después, se casó y tuvo dos hijos, hoy adolescentes. Durante el matrimonio siguió consumiendo, y su esposa lo toleró hasta que empezó a derrochar los ingresos familiares
Entre tanto, su vida sexual se esfumó por las disfunciones eréctiles.

"Cuando estás en el consumo (...) estás pendiente de la droga y anulas muchas veces el placer sexual". Alberto, consumidor.

La cocaína forma coágulos de grasa en los vasos sanguíneos, los cuales impiden una irrigación normal hacia el pene, el cual necesita de sangre para lograr una erección, explica el toxicólogo Miguel Tolosa.

“Alberto tiene alto riesgo de que antes de que cumpla 50 años de edad quede impotente porque ya el vaso se dañó". Miguel Tolosa, toxicólogo.
  • Tras su separación, Alberto mantuvo su relación con la droga. Su problema sexual parece menor frente a otras afectaciones por su inhalación frenética: infarto cerebral, problemas hepáticos, coronarios y renales.
"La droga es la peor decisión de mi vida, ha acabado con todo". Alberto, consumidor.

Alberto no volvió a controles médicos y en el hospital desconocen su paradero.

Foto: Juan Manuel Barrero - AFP.

Necrosis

Jorge Rodríguez* se quita la camiseta y muestra pecho, espalda y brazos. Su piel trigueña retrata el "infierno" que vivió gracias a una necrosis cutánea que sufrió por aspirar cocaína rendida con medicina veterinaria.

Sus extremidades y torso llevan cicatrices del tamaño de una lenteja cada una. Donde ahora hay máculas, por años hubo sangre y ardor.

“Esta rasquiña no te deja hacer absolutamente nada, ni leer, ni digitar bien, ni tener sexo (...) te daña la vida (…) La cama llena de sangre, las camisas... es una enfermedad absolutamente vergonzosa... estaba manchado todo el tiempo”. Jorge Rodríguez, consumidor.

A finales de la primera década del 2000 el cuerpo de Rodríguez, a sus 50 años de edad, empezó a resecarse. Aparecieron pequeños granos que explotaron y se convirtieron en llagas.

"Para ir a una reunión tenía que ponerme calmantes en la piel. (…) Tuve que dejar mi vida laboral, pública, como investigador y consultor, y concentrarme en una vida laboral encerrada”. Jorge Rodríguez, consumidor.

Consumidor habitual de cocaína desde hace un cuarto de siglo, el padecimiento empezó cuando cambió de 'dealer'. Fue el primero de seis amigos en presentar síntomas.

Visitaron médicos que les diagnosticaron sarna o ácaros. Los recetaban y se curaban por unos días, hasta que la Corporación Acción Técnica Social (ATS) examinó la cocaína y halló que la droga estaba mezclada con Levamisol, uno de los químicos con los que los narcos rinden su mercancía para aumentar ganancias.

  • Estudios científicos señalan que ese antiparasitario puede provocar necrosis cutánea en consumidores crónicos, afirma Julián Quintero, director de ATS.

En 2014, Rodríguez cambió de proveedor y la enfermedad desapareció. También redujo su dosis diaria y ahora inhala una de mayor "pureza" sin aditivos.

Sin embargo, Quintero advierte que la cocaína de alta pureza conlleva mayores riesgos de dependencia y sobredosis.

*Los nombres fueron cambiados por pedido de las fuentes.

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