1200X628 Gustavo Petro alcalde intenta calmar manifestantes Bogota - 4-MAR-2014. Foto Guillermo Legaria - AFP (1)
7 de ago de 2022 15:15
Gustavo Petro, el sembrador de emociones que cosecha una presidencia
Red+ Noticias | Por Andrés Marín Martínez – @andresymarin

Hay quienes se han atrevido a considerar que Gustavo Petro es el primer presidente colombiano con una militancia insurgente a cuestas; él mismo ha desmentido la premisa.

A Gustavo Petro le dijeron en una entrevista que él sería el primero con antecedentes de un levantamiento armado en llegar a la Casa de Nariño, pero él dice que eso no es tan así, pues en la bicentenaria historia republicana de Colombia el mérito ya lo tuvieron, entre otros, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.

Sin embargo, la era moderna reservará un apartado especial a raíz de su llegada al Poder Ejecutivo, pues pasaron más de 200 años para que el fenómeno ocurriera por la vía democrática.

Además, Petro se convierte en una de esas excepciones a lo que ya parecía una mortal regla en este país. Entre 1987 y 1995 los colombianos vieron caer a balazos los cuerpos sin vida de cinco candidatos presidenciales, tres de ellos líderes de izquierda.

En los crímenes contra los candidatos izquierdistas: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leóngómez hubo un común denominador del cual fueron víctimas no solo ellos sino cientos de partidarios de esa línea política; el ejemplo más diciente es el genocidio de la Unión Patriótica (UP).

De 1984 a 2002, la UP acumuló 4.153 víctimas, entre secuestrados, desaparecidos y asesinados, dice el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Para el analista, escritor y periodista colombiano Mario López, “el establecimiento tuvo la habilidad de relacionar a los sectores alternativos con la guerrilla; y tenía toda la facultad legal (Gobierno y Estado) para combatir por igualdad de condiciones tanto a la insurgencia como a los sectores alternativos; y eso se convirtió en un freno para las posibilidades políticas y electorales de la izquierda legal”.

Bernardo Jaramillo y Jaime Pardo ya se habían hecho contar en las urnas, y lograron cifras sorprendentes, pero si a ellos no los hubieran matado tampoco habrían ganado. Aparecerían en los escrutinios con los números tradicionales de la izquierda electoral en Colombia.

En el caso de Luis Carlos Galán Sarmiento y Álvaro Gómez Hurtado, el narcotráfico, la guerrilla y otras alianzas de sectores políticos, con funcionarios del Estado incluidos, fueron los responsables de sus muertes.

Caso aparte es el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, ya que su muerte “no se circunscribe dentro de la correlación de fuerzas de izquierda-derecha sino que fue un enfrentamiento dentro del establecimiento”, explica Mario López.

“Si bien es cierto que Jorge Eliécer Gaitán representaba una opción distinta a los sectores tradicionales, se movía dentro del Partido Liberal y era una figura de ese partido, nunca fue una opción que estuviera por fuera de los partidos tradicionales”.

El ‘fraude’ que atizó la llama

La noche del domingo 19 de abril de 1970, día de elecciones presidenciales, la radio informaba que el exdictador Gustavo Rojas Pinilla se estaba llevando la victoria electoral y sería jefe de Estado.

En la madrugada del día 20 hablaban de otra cosa. El candidato ganador era el conservador Misael Pastrana Borrero. Entonces, las juventudes politizadas de la época protestaron y decidieron alzarse en armas: ahí nació el Movimiento 19 de abril, M-19 o simplemente ‘El eme’.

En ese momento, Gustavo Petro tendría solo 10 años de edad, pero esa escena marca el camino del adolescente que nacido también un 19 de abril, pero de 1960, en Ciénaga de Oro, Córdoba, se fue de la mano de su papá a Bogotá y Zipaquirá para estudiar.

“Él nace en Ciénaga de Oro, pero no tuvo registro en 1960, el documento base de su nacimiento fue la fe de bautismo”, dice Mario López.

Las muertes de Ernesto ‘Ché’ Guevara y Salvador Allende conmovieron a la familia de Gustavo Petro y de igual manera delinearon parte de su pensamiento.

El propio Petro hace de Los Montoneros argentinos y Los Tupamaros uruguayos referentes comparativos de insurgencia armada urbana con el M-19. Pero El M-19 no solo nace para reprochar los resultados electorales, reúne toda una ideología con espíritu democrático que intentan consolidar en 1974.

"Yo era militante clandestino del M-19, pero desarrollaba una actividad legal en la ciudad de Zipaquirá, incluso como concejal", así se lo contó Petro a la escritora Guylaine Roujol en Bandalos, canal de YouTube.

Hacia 1982 empieza a gestarse un plan de paz en el corazón del M-19. Su manifiesto, cuenta Petro, fue escrito sobre la culata del fusil del entonces comandante Jaime Bateman. En 1984 la firma del acuerdo de paz llevó a que Petro manifestara públicamente su militancia. El acuerdo fracasa y Petro, como muchos de sus compañeros, queda expuesto.

"Trataba de mantenerme en Zipaquirá de manera clandestina, lo cual era muy difícil. A la postre fui capturado bajo un decreto de estado de sitio. Fui llevado a prisión. Eso significa que no fui condenado en términos jurídicos”, le cuenta a Guylaine Roujol.

Amenazado de múltiples formas, Gustavo Petro comienza a moverse en las lides políticas con el sambenito de la militancia en un movimiento revolucionario de izquierda. Y fue esa revelación pública la que hizo más difíciles las cosas.

Una historia similar experimentó el filósofo y politólogo José Cuesta, otro líder de izquierda en Bogotá. Petro compartió con él la clandestinidad en tiempos de resistencia armada en Robles, Cauca.

“Estábamos en armas defendiendo un proyecto político-democrático y compartimos un espacio campamentario de un par de meses y nos volvimos a ver en el año 1990 después de pasar una cantidad enorme de desafíos y retos”.

Cuesta estuvo entre los miles de colombianos víctimas de tortura y desaparición forzada, mientras que a Gustavo Petro le correspondieron carcelazos periódicos. “Él va a la cárcel en 1985, antes del Palacio de Justicia, y yo soy desaparecido forzado en 1988; al final, salimos indemnes en medio de toda esta situación”, recuerda José Cuesta, hoy concejal de Bogotá.

"Ni fui procesado por un juez ni por la Justicia. Simplemente podíamos llamarle 'arrestado' por decisión de un coronel del Ejército; arrestado por 18 meses [por la] justicia militar", describe Petro en Bandalos. Gustavo Petro quedó libre en 1987.

Esos desafíos y retos de los cuales habla José Cuesta estaban pensados desde el ámbito político. Petro conforma la Alianza Democrática M-19 con desmovilizados del grupo armado, quienes sí capitalizaron un acuerdo de reconciliación en 1990.

Ahí comienza una carrera política vertiginosa. Después de ser personero y concejal en Zipaquirá, Gustavo Petro se forma profesionalmente y en paralelo esculpe su perfil público.

El portal Congreso Visible de la Universidad de Los Andes retrata la vida política y profesional de Petro con estos elementos:

  • Economista de la Universidad Externado
  • Especialista en Administración Pública de la ESAP
  • Master de Economía de la Universidad Javeriana
  • Especialista en Medio Ambiente y Desarrollo Poblacional en Lovaina
  • Doctorado en Nuevas Tendencias en Administración de Empresas en Salamanca
  • Cofundador del partido político Alianza Democrática M-19
  • Participante en la redacción de la Constitución de 1991
  • Representante a la Cámara por Cundinamarca en 1991
  • Asesoró a la Gobernación de Cundinamarca

Petro invita a trabajar en la Unidad Legislativa, entre 1991 y 1994, a José Cuesta. “Empezamos a soñar y a construir caminos insospechados para finalmente dotarnos de una alternativa política democrática exitosa”, apunta Cuesta.

Ya en el ejercicio le corresponde por suerte hacer la ponencia a la tradicional reforma tributaria de cada cuatro años, que esa vez presentaba el gobierno de César Gaviria por medio de Rudolf Hommes, el ministro de Hacienda en ese entonces.

“La ponencia de Gustavo Petro fue negativa. Hizo una argumentación brillante.

"El debate fue fortísimo. Aunque las mayorías parlamentarias de Gaviria finalmente la aprueban; recuerdo muy bien que, en plenaria, el señor Hommes reconoce en Gustavo Petro una mente brillante en términos económicos”, recuerda José Cuesta.

Con los laureles en la cabeza, Petro aspira al Senado de la República en 1994, pero la suerte no lo acompaña. Cuesta comparte junto a Petro el llanto. “Ese día del 94, cuando los resultados eran inevitables, yo le dije: me voy. Y me respondió: no, hermano, vamos a tomarnos un aguardiente… La invitación se fue hasta la madrugada en medio de una derrota por la que Petro llora”, y llega el exilio fundado en crecientes amenazas de muerte.

Ernesto Samper nombra a Petro primer secretario de la Embajada de Colombia en Bélgica y también cumple las veces de agregado diplomático para los DD. HH. de 1994 a 1996 en el mismo país. Quiso subirse al poder en Bogotá, pero el intento es fallido en 1997.

En 1998 aspira nuevamente a la Cámara de Representantes por Bogotá y termina convirtiéndose en el mejor congresista según sus colegas y la prensa nacional.

Petro labra un palmarés en el legislativo a base de control político y denuncias.

Destapó el escándalo de Odebrecht y la supuesta relación con la Fiscalía, llamó la atención sobre el ‘Carrusel de la Contratación’ en Bogotá, denunció la conformación de la llamada Zona Franca de Occidente, develó el entramado estatal alrededor de las ‘chuzadas’ del DAS, de las cuales fue víctima; además, señaló los manejos irregulares de fondos públicos en la DIAN.

Pero lo que más marcó su perfil fue el descubrimiento de los nexos entre paramilitares y políticos que controlaban 35 % del Congreso de la República. Unos 60 excongresistas terminaron condenados después de las denuncias del senador que hizo de la oposición un estandarte.

En las elecciones de 2002 obtiene la más alta votación. En 2005 habría identificado el camino que debía tomar para volverse una figura política nacional muy destacada, una representación que no la tenía la izquierda a pesar de la presencia de personalidades muy ilustradas en ese lado de la barrera.

“Él sí entrevió esa posibilidad e hizo cálculos. Y se dio cuenta de que si se mantenía en la senda de trabajar en función de los sectores de izquierda y revolucionarios, que en esa época no se llamaban alternativos, podría convertirse en el líder más importante de ese sector. No creo que haya llegado al extremo de creer que eso le daba cierta certeza de ser presidente”.

Ya en 2006 llega al Senado de la República.

‘No hay cuña que más apriete que la del mismo Polo’

Las denuncias de corrupción durante la alcaldía de Samuel Moreno en Bogotá, quien llegó al poder por medio del Polo Democrático, del cual también formaba parte Petro, allanaron el camino para que fuera el tercer alcalde de izquierda, al hilo, en la capital de Colombia.

Entre 2012 y 2015 fue el gerente de Bogotá. Con un lapso de un mes que también le costó el llanto. José Cuesta busca en sus recuerdos y dice que vio llorar a Petro una vez más: “Aunque es un hombre atemperado, en el año 2013, cuando lo destituye la Procuraduría y tiene que salir del Palacio Liévano, no pudo contener el llanto, fue una expresión de la injusticia, pero esa tristeza solo tardó un mes”.



 


Restituido y fortalecido, Petro usa los balcones del Palacio Liévano, sede tradicional de la Alcaldía Mayor de Bogotá, para convocar al pueblo y en dilatadas exposiciones hizo con él lo que más le gusta.

“Él es un hombre que se emociona con las multitudes”, describe Mario López. “A él la plaza pública lo transforma: deja de ser un hombre introvertido, solitario y tímido para convertirse en un fogoso; para transformarse, me atrevería a decir, en un brutal orador de plaza pública; y eso, produce emoción”.

Fue esa misma emoción la que usó Petro de semilla para sembrar en las juventudes bogotanas un espíritu rebelde. La germinación sería lenta, solo faltaba un riego.

“Hay un modelo político dominante por mucho tiempo y ya había empezado su declive, su degenaración. Los sistemas cuando no se regeneran se degeneran; y Gustavo Petro encaja perfectamente en ese momento”, apunta José Cuesta.

En 2010, Petro hace un primer envión en procura de la Presidencia por medio del Polo Democrático, no sin antes dejar en el camino, entre sus filas, al icónico Carlos Gaviria Díaz.

Queda relegado en un cuarto puesto después de Germán Vargas Lleras, Antanas Mockus y Juan Manuel Santos, el hombre que cocinó el acuerdo de paz con las Farc en un primer mandato y lo sirvió a manteles seis años después.


 


El acuerdo de paz con las Farc

Las condiciones para que Gustavo Petro albergara la idea de ser presidente habrían nacido después de la firma del acuerdo de paz en 2016; en ese momento el país cambia lo que Mario López denomina la correlación de fuerzas.

“La existencia de las guerrillas, y en particular de las Farc, que tuvo un influjo muy distante en términos militares en su momento, y muy superior al resto de influencias en Colombia, impedía la posibilidad de consolidarse una opción de izquierda o alternativa. En 2005 las Farc y el Eln eran muy fuertes, pero en ese momento la izquierda no tenía ninguna opción de ser alternativa presidencial. Es gracias al proceso de paz que cambió esa correlación de fuerzas”.

Fue entonces cuando por primera vez toda la derecha construyó un bloque en contra de Gustavo Petro. Un hecho inédito en Colombia.

Petro pierde las elecciones presidenciales contra Iván Duque, pero el resultado lo lleva a reafirmarse en su meta; ya no es el cuarto en contienda sino el subcampeón electoral, con entrada triunfal al Senado de la República para hacer gala del Estatuto de la Oposición.

“En Colombia la hegemonía fue de los partidos tradicionales y de las derechas. Y era entre ellos que emulaban por quién de ellos ganaba. Se daba por descontado que la izquierda no tenía ninguna posibilidad. Y el fenómeno en 2018 es que Petro obliga a todos los partidos de derecha a unirse contra él. Yo creo que él, en ese momento, dijo: tengo posibilidades de ser presidente”, recrea Mario López, escritor del reportaje biográfico ‘Petro y la nueva izquierda’.



Entre 2010 y 2018 el Petro presidente estaba en construcción. Era necesario que en Colombia se desataran las fuerzas progresistas, como lo ilustra el propio López.

“Al lograrse el acuerdo de paz y al acabarse el pretexto de la liquidación física o utilizando artimañas para contener a los sectores por fuera del establecimiento, las fuerzas opositoras y alternativas se desataron, concitaron la atención y la gente notó o identificó que era posible ganarle a la derecha; y encontraron al hombre que venía construyendo de tiempo atrás, en esa franja, una alternativa; y como lo veían coherente, que no los iba a engañar, se presenta la circunstancia de 2018 y 2022”.

Antes de eso era prácticamente imposible llegar a la Casa de Nariño. La enorme fuerza que la derecha tenía y la gran ventaja que le llevaba de contener a las fuerzas alternativas a quienes siempre las relacionaron con el terrorismo era un obstáculo gigantesco.

Petro gana las elecciones presidenciales el pasado 19 de junio de 2022 con una propuesta novedosa: puso en la agenda el medio ambiente y en el discurso del triunfo llegó a plantear sentarse con EE. UU. de tú a tú para negociar la emisión de gases de las sociedades desarrolladas o industrializadas, en este caso EE. UU. y Canadá, frente a los países de América Latina que solo tienen árboles y selvas para mitigar el impacto del CO2.

“Es un planteamiento muy audaz”, argumenta López, “porque modifica el enfrentamiento habitual que ha habido entre los sectores alternativos y de izquierda respecto de EE. UU. que siempre lo trataron como el imperialismo al que hay que combatir. Esta es una ecuación completamente distinta; y eso es producto de la audacia de Petro”.

Un mandatario con múltiples virtudes y defectos

La audacia política de Petro alimenta sus virtudes. José Cuesta ve en él un hombre visionario “que anticipa los tiempos de la política”. Su botón para mostrar, dice, es el programa de administración Bogotá Humana, “la base del programa de gobierno de Colombia Potencia Mundial de la Vida que es un pensamiento de anticipación”.

Entre tanto, López ve que es cualidad “creer que es posible montar un programa de carácter popular por fuera de los partidos tradicionales que han hegemonizado el poder en Colombia”.

Además, dice López, es coherente; pues desde cuando se inició en su vida como representante a la Cámara, incluso cuando fue personero y concejal en Zipaquirá, ya tenía unos planteamientos que los ha mantenido intactos y no los ha modificado. Así haya dejado de ser un líder de izquierda. “Hoy es un líder más progresista y alternativo que de cualquier otro orden”.

En materia de defectos, a Cuesta las emociones y su conocimiento no le dejan ver aspectos negativos como la terquedad: “Lo que alguien podría considerar un defecto yo lo veo como una gran virtud, la historia y los cambios que se producen en ella y que son abruptos necesitan de las terquedades humanas. Los necios son fundamentales para la vida”, recalca.

También lo percibe como un fenómeno político. Ve enormes coincidencias entre Jaime Bateman y Gustavo Petro. “No en vano llaman a Bateman el profeta de la paz y a Petro el estadista de la paz grande”, repite Cuesta.

Mientras que López, quien no ha sido amigo personal de Petro, ve que el nuevo jefe de Estado colombiano tiene problemas para trabajar en equipo, no maneja bien el tiempo y ha acumulado dificultades en materia de gestión, aunque considera muy probable que la experiencia en la Alcaldía lo haya llevado a modificar esas que pueden ser fallas importantes.



Un retrato personal

De Petro han dicho de todo en los días recientes, pero pocos como Mario López se han atrevido a pintarlo para advertir que tiene una personalidad solitaria, introvertida, es un ser humano muy tímido.

“Es una contradicción, pero Petro es un hombre tímido, de pocos amigos; no le gusta mucho la conversación. Es poco colombiano en eso”, apunta López. “Por lo demás, cualquiera diría: Petro en la intimidad es un hombre aburrido. Pero le gustan los tragos y creo que con los tragos se comporta de una manera distinta como le ocurre a todos los consumidores de alcohol”.

El ámbito fundamental de Petro es la lectura, el estudio y la reflexión; y es un hombre que se sorprende cuando encuentra criterios inteligentes en sus contertulios.

“Cuando lo conocí en su actividad parlamentaria, la gran mayoría de libros de cabecera eran ensayos relacionados con la economía, con la historia y con la política. Le escucho intervenciones que nacen obligatoriamente de una lectura reciente. No puede estar armando discursos con las referencias y citas de autores o libros que haya leído hace 10 o 15 años”.

Dicen que su cultura es vasta y que el ámbito de sus libros es amplio. Tanto así que a Mario López no le extraña que el presidente de Colombia también lea mucha poesía y literatura novelesca.

Evidentemente no es un político cualquiera y los colombianos tendrán que acostumbrarse, por lo menos en los próximos cuatro años, a ver junto a él una nueva manera de ejercer el poder. A lo que se debe agregar el salto cualitativo de los jóvenes: “un fenómeno de una coyuntura particular, pero que coincidió con lo que yo llamo las fuerzas desatadas del progresismo, las cuales lograron ponerse de tú a tú con los sectores tradicionales”, retrata Mario López.



Foto: Gustavo Petro con banda presidencial en Caño Cristales. Foto tomada de la cuenta de Twitter @petrogustavo.


El pueblo espera que Petro, con la banda presidencial atravesada en el pecho, cumpla. No quieren quedarse esperando como los alcaldes que lucieron sus mejores pintas para hablarle al oído al flamante mandatario antes de su ascensión.

La tarde del domingo 7 de agosto resuenan los vítores en las plazas públicas, vendrán los primeros cien días de gobierno y las consabidas lecturas y análisis a la gestión pública. El termómetro volverá a estar puesto en las calles para medir si la multitud es acogedora o si el eco de los aplausos se pierde en las esquinas de una plaza vacía.

Contenidos web relacionados